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El Antecristo |
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Félix Lope de Vega |
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PERSONAS QUE INTERVIENEN: TITÁN. LUNA, dama. BAULÍN, labrador tosco. EL PRÍNCIPE DE BABILONIA. UN NIÑO O ÁNGEL. EL PERSA. EL ALEMÁN. EL ROMANO. EL ETÍOPE. RUFINO. LIDORO. ELÍAS. ENOC. RISELO. FABIO. EL FRANCÉS. EL ESPAÑOL. Jornada primera Sale TITÁN solo, vestido de pieles, haciendo admiración. TITÁN. ¿En qué interno lugar, en qué caverna del centro obscuro he yo vivido oculto, que ignoro el ser que me acompaña y rige? ¡Cielos! ¿Quién soy? ¿quién me gobierna y manda? ¿En qué regiones del abismo inmenso he tenido lugar, o de qué suerte he sido alimentado ¡oh etéreo solio! que en cumbres; de zafir tienes asiento? Declárame la duda de mi vida para que deste laberinto salga: yo conozco las causas más ocultas; infiero el movimiento de los cielos, los astros, los planetas; y en la tierra hago parar los aires, y del fuego mudar el natural; los elementos admiran el principio de mi aliento; el planeta mayor, que las celestes cumbres esmalta con doradas lumbres, hago que se suspenda en su carrera, y en la primera esfera haré a la luna su natural mudanza se detenga. Yo, que tengo noticia de las ciencias, con tantas experiencias lo sé todo. mas no he sabido el modo cómo pueda saber quién soy: excede mi tormento el fabuloso cuento del que al cielo lleva el peñasco loco en su desvelo: que pues es la verdad lo que en mí veo, en vano es mi deseo; que sin duda yo soy el mismo Dios, pues una causa reconocen las causas más remotas, y esta causa he de ser, pues no hay alguna que se iguale al valer de mi fortuna. ¡Oh mar, oh fuego, oh aire, oh madre tierra! Si no soy su hacedor, ¿por qué me niega que ignore el ser que su ser me ha dado, porque pueda salir deste cuidado? Parece en tramoya la LUNA en un caballo, y desciende de lo alto a lo bajo. LUNA. Escucha, bestia feroz, opuesto del mismo cielo; que movida de tus voces a satisfacerte vengo. Escuchen lo que te digo todos los cuatro elementos, porque no ignoren la causa de aqueste nuevo portento. Tú naciste en Babilonia de tan bajo nacimiento, pues que del tribu de Dan desciende tu ser primero. No del tribu de Judá naciste, en que otro sujeto superior a los humanos tomó carne siendo Verbo. Que como has de ser tirano, contrario al Criador inmenso, porque en todo lo parezcas es tu sangre un contrapuesto. Yo en mis más floridos años cometí un infame incesto con mi padre, porque entro viste la luz de los cielos. Por cuanto María, Madre de Cristo fue raro ejemplo de castidad, la que es tuya será de amor deshonesto. Fuiste por monstruo arrojado al mundo, y en ti se vieron unirse las ciencias todas con el poder del infierno. Tienes un ángel de guarda que en saludables preceptos te aconseja lo que es justo, diputado para esto. Mas ¡ay de ti en aquel día que con loco atrevimiento el ángel que te acompaña le despreciarás soberbio! Desde el día en que naciste, un espíritu perverso, de los expulsos de Dios, se apodera de tu cuerpo. Que ansí como en Dios habrá dos naturalezas, siendo hombre y Dios, en ti se han visto, por ser contrario sujeto, ser de hombre y ser de demonio y de mil demonios lleno, como lo afirman los santos y en los profetas lo vemos. Así lo escribe Daniel: tú, monstruo del universo, nacido para castigo del mundo engañado y ciego; te concede Dios de vida solo tres años y medio; que tus delitos atroces tienen limitado tiempo, han de seguir tus pisadas grande infinidad de reinos, desde el fiero troglodita al partho, al scita al hebreo. Tus delitos serán tantos, que, conmovidos los cielos, en el luto de la noche se cubrirán por no verlos. Temblará de ti la tierra, y ella quisiera en su centro recogerse y encubrirse por no ver hombre tan fiero. Viendo en ti disposición, el concurso del infierno apoyará tus engaños para que parezcan ciertos. Esto ha permitido Dios: mas de tan grandes secretos, ¿cómo se sabrá la causa si en su mente están dispuestos? Así en el Apocalipsis se halla escrito. Mas yo vengo para que sepas quién eres y a explicar tu nacimiento: tu nombre es Titán; tu patria, la que sabes que su suelo desde el principio del mundo quiso oponerse a los cielos; y porque antes que venga Cristo en el día postrero al universal juïcio que esperan vivos y muertos, has de dar principio tú a tus maldades y enredos, te llamarán Antecristo, hijo propio del Averno; quédate, bestia espantosa; apártate, monstruo horrendo; y ¡ay de la tierra; que siembras en ella mortal incendio! Vuelve el caballo y la tramoya y vuélvese a subir. TITÁN. No te vayas de esa suerte; espera, aguarda un momento; satisface a mis preguntas y no me dejes suspenso. |
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