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A Dios por razón de Estado |
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Pedro Calderón de la Barca |
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LOA PARA EL AUTO SACRAMENTAL INTITULADO A DIOS POR RAZÓN DE ESTADO DE DON PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA Actores que actúan. ENDIMIÓN, ÁFRICA, ROMA, ASIA, AMÉRICA, VIENA, PARÍS, EUROPA, MADRID, LA FE,LA SENCILLEZ ,EL AGUA ,LA TIERRA ,EL AIRE, EL FUEGO ,LA FAMA Sale la Fe, vendada; por un lado la Sencillez, con una corona en una bandeja, y la Fama por otro lado, con clarín y alas. FE Aquí del primer edicto prorrumpo el pregón primero. Canta la Fama. FAMA «¡Ah de la esfera del Aire! ¡Ah de la región del Fuego! ¡Ah del Agua! ¡Ah del abismo! ¡Ah de la Tierra! ¡Ah del cielo! Decidme entre todas cuantas partes tiene el universo, África, América, Asia y Europa, ¿cuál es el centro más plausible, más ilustre en sus reinados e imperios, cuál es la Corte mayor, de más valor, más ingenio, más grandeza y señorío, más nobleza y más respecto, más santidad, mayor culto, más poder y más consejo, porque a ésta previenen juntas la Fe y Sencillez el premio, triunfando entre todas cuantas en las edades del tiempo hicieron con su memoria aquellos siglos eternos? Y así informad cada uno de vosotros elementos, y también vosotras partes decid el merecimiento a quien toca, porque es duda». [Música dentro.] «Ya a la duda respondemos». Salen el Aire, vestido de azul y con plumas, el África con sus insignias, con una piel de león, escudo y lanza. AIRE [Canta.] «Yo, que soy el Aire, que todo lo animado aliento, yo, que no siento lo sensible y que lo insensible siento, lo vegetativo toco y lo racional mantengo, en euro y aquilón frío, en noto y austro violento, huracán y húmedo bóreas, en aura y céfiro tierno, en el rápido Nordeste y el favonio lisonjero, África desierta, Siria, que en destemplados venenos el áspid frío alimenta que en sus cavernas engendro la mayor Corte le doy que entre las demás venero». Salen el Fuego de color de él y el rayo de Júpiter, y el Asia con sus insignias de media luna en el tocado, con muchas perlas y a lo babilonio. FUEGO [Canta.] «Yo, que soy región etérea, rígida mansión del Fuego, que con el rigor abraso y con la piedad caliento, con el esplendor alumbro y con los ardores quemo, ya en fulgores y ya en luces, ya en ardores, a en reflejos, ya con materiales llamas, ya con formales incendios, al Asia, que del Oriente goza los rayos primeros, dando en perlas cuantas gotas la Aurora da en llanto, siendo exequias de aquel amante que en púrpura tiñó el suelo el premio en sus obeliscos, de sus edificios cedo». Salen el Agua, vestida de azul y ondas, coronada de ovas y el tridente de Neptuno, y el América a lo indio, con arco y aljaba y corona de plumas. AGUA [Canta.] «Y yo, que soy de Neptuno verde espacio, lago inmenso, habitación de sirenas, de Tetis y de Nereo, la que los montes taladro, la que los valles penetro, la que alimento las plantas, la que los brutos sustento, que fertilizo los campos y la que las selvas riego, en lluvias, en fuentes, ríos y en arroyos lisonjeros, siendo entre las duras venas blando mineral del hielo, dando tributo a los hombres, sirviéndoles de alimento, ya cuando mis peces doy, ya cuando el cristal ofrezco. A la América remota le doy el laurel, pues veo, que son sus adoraciones las luces del Evangelio». Salen la Tierra, y la Europa con sus insignias, coronada de flores, y la cornucopia de Amaltea; el Aire con plumas; el Fuego con el rayo de Júpiter; el Agua coronada de ovas y el tridente de Neptuno, vestidos de su color; Europa como Minerva, sólo hay de diferencia, que en el escudo se ha de pintar un toro blanco y en vez de lanza ha de ser cetro y un laurel en el yelmo. TIERRA [Canta.] «Yo, que soy la Tierra, que en mí y sobre mí mantengo la pesadez de las cumbres, las inclemencias del cielo, dando al hombre en colmos siempre cuantas semillas su intento me aplicará, cultivando mi superficie primero, dando siempre recompensa en nieve, escarchas y hielo, flores, frutos, mieses, fieras, montes, valles, riscos, cerros, siendo en tiempos apacible, porque en mí se muda el tiempo en esta estación florida; en otra de frutos pueblo cuantos troncos las raíces esconden en mí en su centro; en otra estación las mieses; en otra sólo reservo desnudos troncos, despojos de Juno, pues en mí veo la primavera, el estío, el otoño y el invierno, a la que el nombre tomó de aquella por quien se vieron bramar un dios en la selva, suspirar un toro tierno. A Europa el triunfo señalo, porque aquésta considero que de más triunfos llenó de la Fama el sacro templo que África, América y Asia siendo en su altura ornamento». Ella y Músicos. «Pues, entre todas, Europa viva triunfante, diciendo que en sí mantienen la Corte digna de inmortal trofeo». ASIA Pues, ¿cómo a Europa le dais la Corte mayor sabiendo que a Jerusalén sagrada en mis márgenes encierro, a Nínive y Babilonia, Menfis, Atenas y Delfos, Cartago, Tiro y Hiponia, Creta, Samo, Chipre y Delos? ÁFRICA Pues, ¿cómo a mí me quitáis tan justa elección, teniendo al reino de Fez en mí, a Kamaniech y Marruecos? AMÉRICA Pues, ¿cómo a mí me negáis el más soberano imperio, sabiendo que el siglo de oro en estas edades tengo? TIERRA Porque tú, Asia, aunque ostentas de todos el mayor reino, por la veneración es de Europa súbdito el cetro, por quien monarcas los reyes de Sicilia son y fueron. Y tú, África, aunque fuiste de Europa en sus partes dueño, fue al acaso una traición que te quita el lucimiento. Tú, América, que en la era presente tienes del tiempo el dorado siglo, que es a Europa edad de hierro, con todo esto has de advertir que es tu soberano dueño el león de España, a quien tantas hazañas le hicieron señor de dos mundos, porque un mundo le vino estrecho, advirtiendo que es España una parte del congreso de Europa, aunque de las dos Sicilias y Flandes dueño se considera su espada, ya triunfando, ya venciendo. Y así, ninguna de todas puede, sin desvanecerlo, a lides de armas y letras, fortuna, valor y ingenio, decir que es más digna cuando sus provincias y sus reinos con los tesoros de España todo el mundo enriquecieron. Si es en valor, más que monstruos son de valor, si en ingenio, los más sabios, más agudos; si en fortuna, sus extremos; si en ciencias, los consumados; y si en armas, los más diestros; de suerte que son en todo lo antiguo, como moderno, espejo de las naciones, atributo que adquirieron. Y así, pues habéis quedado en todo tan satisfechos, digan todos las sonoras voces y ecos repitiendo. Ella y Música. |
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